Un programa internacional de habilidades sociales adaptado a la red pública muestra beneficios en niños con autismo
Un equipo investigador liderado por la unidad de autismo (UnimTEA) del Hospital Sant Joan de Déu y del grupo de investigación en Salud Mental Infanto-Juvenil del Institut de Recerca Sant Joan de Déu (IRSJD) ha obtenido resultados prometedores sobre la viabilidad de un programa adaptado de habilidades sociales para niños y adolescentes con autismo dentro del sistema público de salud mental.
El estudio Bridging research and practice: a pilot trial of an adapted social skills program for autism in public services, publicado en la revista Frontiers in Psychiatry y liderado por Sant Joan de Déu, en colaboración con investigadores de Blanquerna-Universitat Ramon Llull y del UC Davis MIND Institute, muestra mejoras en determinados aspectos de la comunicación social en algunos subgrupos de participantes, así como cambios en la sintomatología emocional que será necesario seguir investigando. Los resultados refuerzan la importancia de acercar las intervenciones basadas en la evidencia científica a la práctica clínica habitual y de generar conocimiento sobre el impacto real de las adaptaciones clínicas implementadas en los servicios públicos de salud mental.
Social Adjustment Enhancement Intervention (SAEI)
El estudio ha evaluado una adaptación del programa de intervención Social Adjustment Enhancement Intervention (SAEI), un programa de intervención grupal desarrollado originalmente por el MIND Institute de la University of California, Davis, dirigido a niños y adolescentes con trastorno del espectro autista y dificultades en la comunicación social. El programa trabaja habilidades como la conversación recíproca, el juego cooperativo, el reconocimiento emocional y la resolución de problemas sociales mediante actividades prácticas e interacciones guiadas entre iguales.
La intervención muestra beneficios especialmente significativos en el contacto visual y la comunicación funcional en los niños más pequeños y con un mayor nivel verbal
La investigación en Sant Joan de Déu se llevó a cabo mediante un ensayo clínico aleatorizado con 79 participantes de entre 8 y 17 años, que participaron en una intervención grupal de 10 sesiones. Los investigadores analizaron aspectos como el contacto visual, la comunicación funcional y los síntomas emocionales asociados, como la ansiedad o la depresión. Los resultados muestran mejoras especialmente significativas en los niños más pequeños y en aquellos participantes con un mayor nivel verbal. También se observó una reducción de los síntomas internalizantes en niños, mientras que en adolescentes se detectaron incrementos de ansiedad que requerirán una mayor investigación.
Según los autores, los resultados refuerzan la importancia de adaptar las intervenciones a las necesidades específicas de cada niño y de trasladar programas con evidencia científica a la red pública asistencial para garantizar su accesibilidad, adaptándolos a contextos asistenciales con recursos y tiempo limitados.
"Este estudio muestra que es posible trasladar programas con evidencia científica a la práctica clínica habitual dentro del sistema público de salud mental, adaptándolos a las necesidades reales de los niños y adolescentes con autismo", destaca el Dr. Aritz Aranbarri, investigador del grupo de Salut Mental Infantil i Juvenil del IRSJD y coautor del estudio.
Al mismo tiempo, Aranbarri añade que los resultados muestran que las intervenciones en habilidades sociales pueden tener un impacto positivo no solo en la comunicación interpersonal, sino también en el bienestar emocional de los niños con autismo. El estudio también destaca la importancia de monitorizar posibles efectos no deseados de este tipo de intervenciones. En concreto, el subgrupo de adolescentes mostró un aumento de los niveles de ansiedad, un resultado que los investigadores interpretan como un aspecto relevante a tener en cuenta en la adaptación de programas breves al sistema público.
El estudio también pone de manifiesto la necesidad de seguir investigando para optimizar este tipo de intervenciones y analizar sus efectos a largo plazo, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los niños y adolescentes con autismo y de sus familias.
La publicación completa puede consultarse en a Frontiers in Psychiatry.
Los resultados refuerzan la importancia de adaptar las intervenciones a las necesidades específicas de cada niño y de trasladar programas con evidencia científica a la red pública asistencial para garantizar su accesibilidad.